No se trata de desear éxitos al agredido, sino de correr su misma suerte; acompañarlo a la muerte o a la victoria

Hoy hace cuarenta y seis años del asesinato del Ernesto Guevara de la Serna “Che”.

A pesar de haber visto retratos del Che hasta hartarnos en camisetas, posters, anuncios e imágenes de todo tipo, nunca está de más un homenaje a la figura que este hombre fue, a todo lo
que representó y aun representa más allá de la imagen de jovenzuelo intrépido y romántico que recorría el mundo en busca de aventuras.
Es importante recuperar al Che y la vigencia de su pensamiento desde lo que fue: un revolucionario del pueblo. Y con solo un par de palabras, en realidad, se dice mucho. Se dice mucho porque el Che era revolucionario en serio, de los que “ponen su pellejo en juego para demostrar sus verdades” y que saben que “en una Revolución o se vence o se muere”. Y él, siendo muy consciente de ello, enfrentó la muerte luchando en varios países del mundo poniendo en práctica el internacionalismo consciente de quien tiene la certeza de la necesidad de la revolución allá donde un pueblo se desangre por la avaricia de unos pocos.

Y más allá de citas que se han visto en cantidad de sitios hasta banalizar su contexto y todo su significado, hay que recordar cuestiones que se insiste en dejar de lado en el entramado de asimilación del sistema capitalista como si no fueran importantes, y que en realidad lo son, y mucho, aunque no le interese que se aireen a la maquinaria de intoxicación mediática dominante.

Tenemos que recordar, le escueza a quien le escueza, algo tan básico como que el Che era comunista. Para quien le conoce parecerá una tontería, pero para quien compra camisetas con su cara, aunque nunca llegue a leer esto ni nada parecido donde se plantee, en muchos casos supondría una novedad ¿Pero los comunistas no eran esos que se comían a los niños? Pues no, señora, eso no es el comunismo. Hay que revisar la enciclopedia.

El Che lo tuvo claro a la hora de reivindicar un sistema que implicaba una nueva moral, una forma nueva y distinta no ya de repartir y organizar la riqueza social sino de vivir y pensar en función de una lógica que no fuera la del beneficio económico, una lógica ética, una lógica desde el pueblo y para el pueblo, la lógica de la mujer y hombre nuevos.

De igual manera que aprendió que la historia la hacen los pueblos y no grupos de iluminados que se atribuyen la capacidad del pueblo de pensar y creen poder dirigirlo como agentes externos que hablan del propio pueblo en tercera persona. Gentes que reclaman derecho a dirigir cada cuatro años, gentes que se atribuyen el derecho a la política profesional, la política, claro, de despacho, de sillón de cuero, viajes en hotel de lujo… El derecho a las viandas capitalistas que tanto insistió el Che que no debían permitirse en una sociedad nueva. Tomen nota todas y todos esos que usan la imagen del Che desde su poltrona.

Y antiimperialista. Por su puesto. Que el Che siempre tuvo muy claro que el imperialismo era una bestialidad y que la soberanía y los recursos de los pueblos solo pueden ser de los pueblos y deben ser defendidos a toda costa de la injerencia de potencias capitalistas extranjeras. Ya fuera Argelia, Congo, Vietnam o Cuba, donde fuera. Esta cuestión es una máxima intocable en cualquier latitud o cualquier circunstancia. Las potencias imperialistas son bestias que no buscan ayudar a nadie si no es por el beneficio propio.

Y no olvidemos, desde quienes vivimos en el corazón de la bestia,  que es nuestra gente la que es enviada a otras tierras a masacrar para luego “recuperar” el terreno con “nuestras” grandes empresas y que es nuestro pueblo quien sufre a la bestia en su casa. Que la marginación y explotación no es solo cosa de de África, Asia o Latinoamérica, que en los Estados Unidos también hay un pueblo explotado, que en Europa hay un pueblo explotado que sufren a diario los rigores del sistema capitalista imperialista contra el que luchaba el Che.

Aunque queden muchos temas por tratar porque el Che era realmente abarcador en preocupaciones, inquietudes y frentes, sirva esto como un pequeño homenaje a un hombre que fue y sigue siendo ejemplo por la vigencia de su lucha, por la recuperación de sus ideas tan silenciadas y que no podemos olvidar para continuar hoy que tanto aprieta el régimen, que tan mal nos lo ponen las crisis capitalistas, tan necesaria trayectoria.

Hasta la victoria, siempre.

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