Atado y bien atado

Estos últimos días venimos viendo las protestas y reacciones varias por la muerte de un hombre brutalmente apaleado por los Mossos d’esquadra durante su detención en Barcelona, y aunque se nota la indignación en el ambiente por semejante abuso de autoridad y de poder y se exige desde distintos ámbitos el cese del director de dicho cuerpo, faltan piezas para terminar de cuadrar este puzzle y podría ser que no estén sobre la mesa.

El asunto no es cosa de broma. Este hombre no es el primero que muere o sufre lesiones crónicas por el abuso de acciones policiales, y eso supone familias destrozadas, sueños perdidos y planes que no se cumplirán jamás. Pero más allá del victimismo, la impotencia o el ansia de justicia hay que plantearse algunas cuestiones como ¿quién tiene la responsabilidad de todo esto? ¿es realmente cosa de policías inconscientes o de tal o cual dirección o delegación del gobierno, o hay algo más?

La política, guste o no, está en todas partes. Cada cual en sus quehaceres diarios, en su forma de relacionarse y de actuar, deja su firma del mundo que quiere, y eso es política. Aunque esto no es una cosa estática porque las personas cambiamos, aprendemos, sufrimos, queremos y mil cosas más que nos hacen cambiar nuestra percepción del mundo. Esto, claro, también las y los policías.

¿Qué quiero decir con esto? Que igual esos Mossos que apalearon hasta morir a Juan Andés Benitez en el Raval del Barcelona, hace diez años no habrían sido capaces de hacer algo así, pero hoy día, previo paso por su academia de Mossos en la que habrán recibido su correspondiente ración de adoctrinamiento político de perpetuación del sistema, es decir, racismo, xenofobia, intolerancia, soberbia disfrazada de autoridad, abuso de la fuerza, odio inconsciente a las huelgas o cualquier expresión de las luchas obreras, etcétera, sí son capaces.

Después de la correspondiente ración doctrinaria la forma de ver el mundo cambia y esas ilusiones que tienen un montón críos que ven en la televisión a la policía y quieren dedicarse a ello por la cosa de hacer el bien y detener a los malos se desvanecen, aunque ellos y ellas mismas no se den cuenta, para convertirse en instrumentos represivos que hacen posible la perpetuación del actual sistema.

¿Y qué quiere decir todo eso? Con un ejemplo será más fácil. Billy el niño (Juan Antonio González Pacheco [1]) era un machaca del Estado que durante años tuvo por función torturar salvajemente a detenidos de la Brigada Político Social ¿Para que confesaran delitos? No, para dejar claro quien mandaba y que no se debía luchar contra ello. Es decir, perpetuar el actual sistema. ¿Y se ha hecho algo contra este policía por torturar incansablemente? Sí, ascenderle y darle palmaditas en la espalda por su buen trabajo.

Y si alguien denuncia estas cosas, todo queda en agua de borrajas. Da igual que sea la ONU, que Amnistía Internacional, que cualquier colectivo antirrepersivo o contra a tortura. Da absolutamente lo mismo porque esto no son acciones aisladas ni con responsabilidad personal. Los abusos policiales son algo sistémico, son una manifestación más de cómo el régimen capitalista controla las voces contrarias. Se le vaya o no la mano en una manifestación a la UIP no es relevante cualitativamente para analizar el fenómeno, esa gente recibe órdenes, órdenes políticas que responden a unos intereses determinados y que además van en contra de la supervivencia misma de la gran mayoría del pueblo, es decir, el pueblo trabajador.

Y no hay otra forma. El sistema imperante hoy día, el régimen capitalista, se basa en que unos pocos vivan muy bien a costa de que el resto intentemos sobrevivir, y para eso se dotan de mecanismos de todo tipo para silenciar las voces y acciones contrarias. Desde censurar periódicos y artistas a prohibir y criminalizar partidos políticos, organizaciones ecologistas, juveniles o vecinales pasando por el bombardeo mediático vendiendo las bondades de los actuales dirigentes. Todo vale. Todo lo necesario para que no tenga cabida el mensaje de quienes plantean alternativas peligrosas para el sustento del actual modelo, todo para que todo continúe “atado y bien atado”.

[1] http://politica.elpais.com/politica/2013/09/27/actualidad/1380299964_500014.html

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