Donde el corazón se encoge, pero la dignidad no.

¿Cuál es el precio de un autobús? ¿Cuánto vale la vida de una persona?

Arkaitz, más de una década encerrado a mil kilómetros de su hogar. Torturado. Asesinado por un Estado al que sólo le importa perpetuar la dominación de un sistema criminal.

No habrá depuración de responsabilidades, pero no pasa nada. Tranquilas, tranquilos. Vivimos en democracia.

Que los medios, incluso los supuestos “progresistas”, se apresuren a indicar que Arkaitz era miembro de una organización armada, cuando ni siquiera había sido condenado por ello, no es grave. No indica nada. Después de todo, vivimos democracia.

Que las calles del centro de Madrid se llenasen de cascos azules para desahuciar a un enfermo con discapacidad y que ésta dinámica se repita todos los días aunque haya miles de casas vacías no es agradable. Después de todo, vienen tiempos duros. Pero aún podemos alegrarnos de algo: vivimos en democracia.

Que las fuerzas de “seguridad” del Estado apaleen a una mujer en Valladolid y le produzcan una hemorragia cerebral es terrible, pero después de todo la Policía sólo cumple órdenes, hacen su trabajo. El trabajo de la democracia.

Que el tiempo, pero nunca el olvido, caiga sobre las tumbas de Iñigo Cabacas y Yolanda sin que sus asesinos se hayan enfrentado a una justicia mínimamente seria, es propio de una democracia imperfecta, sí. Pero ojo: democracia.

Todo el mundo sabe que en democracia hay vidas que valen menos que un autobús.

Pero sigue siendo una democracia, por lo que es posible sanearla, “ponerla a punto”, darle una manita de pintura desde dentro, igual que se puede hacer lo mismo con una Unión Europea que nos está empujando a la muerte mientras nos ata las manos con la cadena de su deuda.

Porque ése es el juego, y como juego, tiene sus reglas: las “reglas del juego democrático”. Pero si incumples sus reglas, hay culatas.

Porque es una democracia donde hay centenares de presos políticos culpables de opinar, o de pegar un cartel. El delito de opinión, ¿es propio de una democracia?

Tal vez. Porque como sabemos, y cada vez más gente empieza a intuir, la democracia de una clase es dictadura para la otra.

Y frente a su democracia de dispersión, de represión, de asesinato, tenemos otra. La democracia del pueblo, la democracia de la organización y la calle. La verdadera democracia que nos hace un guiño en Gamonal, que llora por cada persona presa en las mazmorras del Estado.

Hay que comprender que la muerte de Arkaitz, como la de tantas otras personas, pesa con fuerza sobre el pueblo vasco, pero también debe pesar sobre nosotros y nosotras, sobre quienes nos implicamos en las luchas. Porque, al final, su lucha es la nuestra. Y la nuestra es la suya.

Una persona, luchadora de Gamonal, dijo: “ellos sólo entienden el lenguaje de la fuerza”.

Y es natural. Al final, salvo el poder, todo es ilusión.

Y todo el poder debe ser para el pueblo.

Anuncios

2 comentarios en “Donde el corazón se encoge, pero la dignidad no.

  1. Pingback: Soynadie Periodismo Urbano » Donde el corazón se encoge, pero la dignidad no.

  2. Pingback: Nada más antinatural que esta muerte | Periódico Alternativo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s