Alemanocracia: Sobre las elecciones europeas y el movimiento popular.

No es justo ni es correcto entretener a los pueblos con la vana y acomodaticia ilusión de arrancar, por vías legales que no existen ni existirán, a las clases dominantes, atrincheradas en todas las posiciones del Estado, monopolizadoras de la instrucción, dueñas de todos los vehículos de divulgación y poseedoras de infinitos recursos financieros, un poder que los monopolios y las oligarquías defenderán a sangre y fuego con la fuerza de sus policías y de sus ejércitos.” Fidel Castro Ruz[1]

 

Ante la inminencia de las elecciones europeas, venimos últimamente asistiendo a todo tipo de movimientos partidistas en clave electoral de todo signo y postura. Tanto por la izquierda como por la derecha o el “centro”, las negociaciones, alianzas y presentaciones están a la orden del día en el marco electoralista y de negocio planteado en el sistema electoral europeo. Y es que, a día de hoy, poco margen de maniobra más allá del negocio politiquero y el lucro nos deja el espacio electoral de Bruselas.

Habrá quien quiera creerse que el Parlamento europeo goza de suficiente entidad política y legislativa como para darle a este tipo de evento electoral una  trascendencia real para la vida de la gente, pero atendiendo a su funcionamiento, en tanto que Parlamento, deja mucho que desear. Y es que este régimen, que bien podemos denominar “alemanocracia”, no deja mucha capacidad de maniobra a la propia soberanía de los pueblos de Europa, y por mucho Parlamento europeo que insistamos en mantener, en Europa no tod@s somos iguales ni contamos lo mismo. Seguro que no hace falta ir a preguntar a las gentes de Grecia o Portugal o demás sufrientes de rescates euroalemanes para estar de acuerdo con esta afirmación.

Hoy día en Europa manda el interés alemán. No hay duda. Este, como todo país imperialista colonialista, usa el mecanismo de la deuda para el sometimiento sin salida de los pueblos, que engañados por clases políticas obedientes a prebendas y más ocupadas en mandar mandando que en mandar obedeciendo, se endeudan continuamente para poder pagar sus deudas. Una pescadilla que se muerde la cola ¿Cómo puede pretenderse pagar deudas adquiriendo más deudas?

Y en esta tesitura aparecen las elecciones al parlamento de Bruselas. Como decía Fidel en la frase del principio, estas van más por el camino de entretener y de jugar con la ilusión que de arrancar su poder a monopolios y oligarcas. Ilusiones de cambio en derechas e izquierdas, alianzas, pactos, convencimientos de proyectos electoralistas, militancia de base ¡incluso de supuesta izquierda! luchando por agarrar un sillón en Europa, sin pararse a considerar que dicha institución es una herramienta del propio mecanismo euroalemán.

¿Y dónde queda la dignidad en este proceso? ¿Dónde está el poder popular que debe llevar al pueblo trabajador como individuo colectivo al empoderamiento necesario para enfrentar a la alemanocracia y a toda la lista de de pseudoizquierdistas dirigentes de organizaciones varias que se matan por un mandato en unión al PSOE, incluso pactando con UPyD, haciendo así de dique de contención a la voluntad popular? Desde luego que no en ese Parlamento Europeo. No con la relación actual de fuerzas tan desproporcionadamente desigual. Esa no es una herramienta de cambio real que nos vaya a ayudar con esas reivindicaciones imposibles de conceder (trabajo, techo, servicios sociales, etcétera) por el poder actual porque está diseñado para que las clases europeas dominantes sigan siendo dominantes a la par que mantener engañadas (dominadas) al resto.

Esto se tachará de izquierdismo radical por parte de mucha gente. Militantes de base, convencidas y convencidos de la vedad histórica de sus ideas dirán que son palabras sectaristas, dogmáticas o separatistas. Pero partiendo de la crítica y autocrítica radicales, así como del debate (debe ser constructivo desde el seno del movimiento popular) que ha de impulsar el movimiento popular en su lucha contra la minoría explotadora, una de las primeras conclusiones debe pasar por asumir que cada necesidad tiene una herramienta, y si la herramienta demuestra reiteradamente que no sirve para el fin encomendado, hay que construir otra. Esto debe aplicarse lo mismo a la participación parlamentaria que no sirva para hacer avanzar las luchas populares como para la construcción de colectivos que demuestren reiteradamente en la práctica ayudar a la perpetuación del sistema de dominación actual. La Historia ya hace tiempo que está juzgando…

Para terminar la reflexión, lanzamos otra frase de la 2ª declaración de la Habana (de mayúsculo interés, dicho sea) como aporte a la reflexión del movimiento popular: “El divisionismo —producto de toda clase de prejuicios, ideas falsas y mentiras—, el sectarismo, el dogmatismo, la falta de amplitud para analizar el papel que corresponde a cada capa social, a sus partidos, organizaciones y dirigentes, dificultan la unidad de acción imprescindible entre las fuerzas democráticas y progresistas de nuestros pueblos”.

[1] Segunda Declaración de La Habana: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1962/esp/f040262e.html

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